EL MADRID SE TOMA UN DESCANSO

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Necesitaba el Real Madrid un triunfo tranquilo, cálido como el sol  de este otoño. Un descanso, un paréntesis  a la tortura de perder cada partido que se jugaba en el Alfredo Di Stéfano, que realmente si hubiera sido testigo de las debacles ante Cádiz y Shaktar había jurado en hebreo. Pero, por fin, la naturaleza del gol y… sorpresa, sorpresa, incluso un gol de Hazard. Volverán los corifeos a magnificar la goleada. Y se volverán a equivocar. El Huesca no ha ganado un partido. 

Hace años, desde que vi el “El perro Andaluz” de Luis Buñuel y Salvador Dalí, de que España es un país auténticamente surrealista. Dejamos que el horario de la Liga se ajuste a los horarios de los chinos, cuando nos han metido el contagio de la muerte, a su gusto. Es como si Tebas manejara la tijera de afeitar de la película y cortara el ojo a todos los que vemos absurdo el horario de este partido. El “mata familias” como escribía no me acuerdo bien.

No cabe duda de que el “técnico” Michel es de un alumno de la “escuela” Lillo. Es decir, los que propugnan el axioma ridículo de que “jugamos como nunca, pero perdimos como siempre”. Michel es de lo que se conforman con el dicho de que “hemos jugador bien”. Pero  tan sólo es un sendero al retorno a Segunda División.

Hazard metió un gol después de un año. Un milagro, porque fue con la pierna izquierda y ni que él mismo  esperaba. Pues, vaya “tin- tin belga” que  ni siquiera lo celebró, como si fuera una protesta a todos los que han dudado de su “lesión”. Un año en blanco madridista, tras cobrar quince millones de euros. Es fantástico.

Zidane se ha reencontrado a Valverde, cuando hace unos meses lo había castigado al ostracismo, al exilio uruguayo. Pero cada día,  ante la dejadez, lentitud y decrepitud de Modric y Kroos, se ha hecho un jugador imprescindible. Su razón más poderosa es que tiene más olfato de gol que Asensio, que Hazard  y, desde luego, que Vinicius. No se sabe el estilo de Valverde. Es libertario, pero ante tanta carrera de galápagos de Zidane este una liebre y libre de meter goles.

Y justo cuando el Madrid empezó a demostrar su caótico cansancio sobre los sesenta minutos de los partidos, el Huesca quería goles, pero “pan comido” como decía un madridista. El Huesca se acercó al marcador, pero ya era muy tarde, a pesar de la “exhibición de posesión y juego” de uno de los máximos  favoritos al descenso. Todavía no ha ganado un partido. Un losa para jugar contra quien sea: ”pan comido”.

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