PARA LA SELECCION, UN MAL CUENTO DE ANDERSEN

SUECIA21ESPAÑA

La selección se complica su liderato como equipo poderoso y provocador. Y en Estocolmo fue el colmo de los males continuos del sistema de Luis Enrique. Tiene mejores jugadores que Suecia con diferencia canina. Pero perdió por falta de velocidad, de presión y por su indolente sistema goleador.

Los sabios gurús del fútbol español, henchidos  de nacionalismo, con su optimista análisis de futuro tras la Eurocopa, han provocado que Luis Enrique, «hechizado» por el sistema  de Pep en el City, mantenga una teoría que sólo una vez, con aquellos jugadores de Luis, podía significar un triunfo en colectividad.

Una vez más, en Estocolmo fue la selección española lenta, parsimoniosa, inutilizada por sistema para crear ocasiones de gol y menos con el irremediable gafe de Morata, “mister mala suerte”.

La selección en casi todo el partido fue  pálida como el color blanco absurdo de su camiseta, en lugar de la roja.  Suecia parecía que manejaba un sistema eléctrico, rápido, fulminante en el contragolpe, insufrible en la presión del juego, siempre con la paciencia de aguantar o aburrirse con el “toque-toque” viejuno de la selección de Luis Enrique.

Ni siquiera con encontrase con un gol de Soler en el minuto cuatro pudo la selección demostrar su hipotética superioridad técnica. En tan sólo cincuenta segundas después, Isak disparó con intención, y Unai Simón demuestro que es un desastre y no tiene  reflejos cuando se le tira de media distancia. Era un balón más que parable. Por lo menos, despejable.

A partir del empate, España pareció que sufría de una enfermedad que le ahogaba por la presión asfixiante amarilla. Era  la “fiebre amarilla”. Hasta el final de los finales. Y, desde luego, Suecia perdió incluso  la oportunidad de golear a la selección, al menos por la cantidad de ocasiones que tuvo, de todas las condiciones.

Varias consideraciones. Gerard Moreno no puede jugar junto al gafe del gol, Morata. Sergi Busquets ni tiene ya nervios ni velocidad ni capacidad operativa para seguir en la titularidad, aunque sea amigo del seleccionador. Rodri es algo más que una nueva posibilidad.

Era hasta obtuso  que Adama, que casi nunca es bien considerado por el seleccionador, fue la única flecha envenenada que pudo hacer caer a los suecos, pero le faltó quizá tensar mejor su arco y un poco de ayuda de Soler, Ferran, Koke y compañía que ya estaban muy enfermos con fiebre amarilla y sin fuerzas.

Tampoco nadie se explica como sólo deja para el final a Llorente, uno de los mejores jugados del fútbol español y con el suficiente olfato de gol.

Es una derrota que escuece y que pudiera condenar a la selección a la “horca”, es decir, a la pesca de la repesca. En cuanto al caso Unai Simon algo habría que hacerle convencer a Luis Enrique  de que no es el portero que necesita la selección. Parece un «parrot» debajo de las redes y es incapaz de solventar cualquier disparo que se le haga a la media distancia. Fue como un mal sueño en Estocolmo. Como un cuento maléfico de Andersen. El de la “fiebre amarilla”.

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