TER STEGEN Y LA PUERTA DEL CIELO

BARCELONA21REAL SOCIEDAD

El irreconocible Barcelona se pasó más de treinta minutos con el sueño de que se acabara el partido cuanto antes y se disolviera la pesadilla de la Real, que le tenía confiscado, rendido, obviamente en manos de su ángel de la guarda, el increíble Ter Stegen.

 

Hubo minutos en que el el Barça jugó bien, animado, con Messi menos inspirado, pero con la certeza que quería ayudar a su equipo. Pero sigue sólo como “hechicero” del equipo, sin ayuda ni componenda. 
Ni las trenzas de Griezman sirvieron para convertirse en el fetiche de un jugador en que el “manitú” del Camp Nou le tiene condenado al fracaso. Ni con coletas o sin coletas es un jugador sentenciado o a su fracaso en este Barcelona. Que no insista, aunque se ponga trenzas de vikingo.

Coletas que no crea que las exhibiera como contribución a la esperpéntica pancarta de su posible nuevo presidente en el Bernabéu, con lo que se demostraba que como todo el independentismo catalán padece de obsesión crónica de “madridistis”, intercalada con un guiño de “paletismo”. Es una psicopatía grave, tanto en en fútbol como en el aire que se respira en la capital del Reino.

Fue Isak, en dos ocasiones, más Monreal, más los diálogos de Ter Stegen con la puerta del cielo, lo que disiparon una ocasión perfecta para por fin quitarse la Real el complejo azulgrana. Ni por esas. No mereció perder jamás.

A su favor, no obstante, demostró una vez más que es un gallo de pelea para el título , por si se duerme la tiranía de los “tres grandes” de la Liga. Toma y daca en un primer tiempo que brillaba como lúcida esa Real.
Fútbol entre los dos equipos, con espectáculo visual incluido.

Pero al Barcelona se le fundieron los plomos en les segundo tiempo. Además, es demasiado arriesgado jugar con dos bisoños como  Mingueza, Araujo, en el epicentro de la retaguardia. Más tirarse al precipicio al fulgor de una posible derrota con Aleña, en el vetusto Pjanic y ese quiero, pero no puedo que es Trincao y sobre todo, ese tronco móvil hacia el lado izquierdo de Braithwaite. Demasiado nombre desconocido o juvenil en un equipo que estaba acostumbrado de que a Messi le acompañaran las más insignes figuras del fútbol mundial.

Pero el Barça, en la ruina económica, con la depresión más profunda futbolística de los treinta últimos años, elige como salvador a un tal un Koeman, que un día chutó y marcó en una final de la Champion, sin más prestigio que aquello. Más el retorno de un fútil y frívolo presidente que sólo busca recuperar su ego perdido en el independentismo. Sin olvidar las “trenzas” vikingas de Griezmann, sin moño, aunque también lo utiliza de vez en cuando.

 

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