TOCATTA Y FUGA DEL LEIZPIG

LEIZPIG21ATLETICO DE MADRID

Un Leizpig pletórico de ideas, de disciplina posicional y de fortuna acabó un sueño más del Atlético europeo, que definitivamente es la competición maldita de Simeone. Un personaje que siempre se columpia en partidos como el de la final de Roma, el de Turin o esta nueva desdicha en Lisboa. Ideo en Simeone, con demasiada sofisticación defensiva, sin mejorar jamás la imaginación ofensiva.

Será el héroe de la historia rojiblanca, pero un afligido fracasado por sus obsesiones y errores en partidos decisivos. Y para cualquier testigo del partido, lo más indignante y penoso para el aficionado atlético ha sido perder y que te coma por los pies un equipo de tan sólo once años de historia, muy reprimido económicamente, con peores jugadores individuales, pero engrandecido por una extraño y exuberante técnico de treinta y tres años llamado Julian Nagelsmann.

Cuando me di cuenta de su talento no pude menos que sorprenderme. En el mismísimo Londres, Nagelsmann se río tácticamente del Tottenham del “famoso” entrenador llamado Mourinho. La forma de posicionarse el Leizpig, de cómo movía el balón, con técnica, velocidad y precisión llegó hasta abrirme los ojos de que una nueva forma de jugar, que no tenía ni siquiera la marca Alemania en su juego. Había nacido, a la sombra de la gran ciudad de la música, que había vivido años terribles en la llamada democracia comunista en la Alemania Oriental.

Creo que más en los jugadores que en el propio Simeone, la desventura de la confianza, proporcionó que esos mismos jugadores, con Koke y Saúl descabezados, se postraron desde el principio ante una sinfonía de su paisano Mendelson. Jugar sólo con un famélico Diego Costa como único atacante demostraba que Simeone si sabía a los que se enfrentaba.

Pero una vez más el miedo pudo más que su voluntad intelectual. Hasta Marcos Llorente pareció enjaulado, sin correr. Con un Atleti oscuro sin poder ofensivo, tan sólo varado con la velocidad de Carrasco. Era muy poco con la gran disposición táctica de unLeizpig que, con peores jugadores, siempre llegaba antes y parecía más peligroso.

Tardó demasiado Simeone en decidir qué Joao Félix le salvaría su rosario de errores. Demasiado tarde, la cadena de gentilicios a lo más preciso al “pupas” tradicional. Porque todo acabó con la tragedia con un gol de rebote. Una vez más justo castigo al patetismo o su salario del miedo religioso y patético de Simeone. Fue la “tocatta y fuga” del Leizpig, en homenaje a otro gigante musical de la ciudad. El soberbio Juan Sebtian Bach. Y cuidado que su música suena como el gran órgano de la catedral de Leizpig.

 

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