ZIDANE METE AL DIABLO EN EL FRIGORIFICO

REAL MADRID31ATHLETIC BILBAO

Williams cayó al suelo, dentro del área, en la primer clara ocasión de gol del partido poco después de los diez minutos. Carvajal choca y empuja a Williams, que remata fuera, desequilibrado. Ni se vio o revisó el posible penalti.

Tan sólo unos suspiros después, el siempre violento Raúl García, enajenado futbolístico, le vuelven hacer una falta bochornosa a Kroos. Estúpidamente. Su segunda tarjeta amarilla es la roja que castiga al Athletic al precipicio.  Absolutamente sentenciado a perder el partido, con nocturnidad y alevosía.

Pero, increíblemente, el Athletic no tuvo una agonía palmaria. Incluso zarandeó al Madrid, justo en el inicio de la segunda fase y al final del partido, en momentos decisivos. Primero, cuando empató y provocó la enésima angustia del sentido de esa gota china de tortura  que provoca nerviosamente un incalificable Zidane.

Increíblemente, otros suspiros decisivos pudieron variar la suerte del Athletic en los postres del partido, pero acabaron con la pesadilla final bilbaína. Acababa el partido y Courtois volvió a salvar a su equipo con un gol cantado a Blesa. Instantes después, contragolpe y Benzema logra el tercer gol, el del “cachetero”. Es el relato de un partido que acabó miserable con el Athletic, con la caída de un sucio telón tenebroso.

Y en todo lo sucedido, un Real Madrid que jugó la como si fuera fiesta, disfrutando parsimoniosamente  de su curiosa resaca de éxitos fabulosos, de días de vinos y rosas, cuando sólo había “ganado” poder estar en los octavos de final (?) la Champion. La propaganda blanca suena a música celestial.

No puedo hablar  de gloria de un Madrid que jugó ochenta minutos con jugador  más, con precisas bendiciones arbitrales y con la moral de una moral efervescente tras los días de intranquilidad. Una vez más, volvió a las andadas de su juego quijotesco, de muchos toques, poca velocidad de balón y poca frescura.

El ridículo perpetuo de Vinicius me parece cada día más grotesco y es imperdonable que este “regateador” juegue en el Madrid y sea incluso titular en el equipo.

Muchos atléticos quieren ver en el pasado sábado de una resurrección absolutamente sorprendente del físico de Modric y Kroos. Algo que no sucedió ante los bilbainos. Ambos, que se han convertido en jugadores claves en la mentalidad de Zidane, volvieron arrastrase físicamente a partir del minuto sesenta. Lo habitual. Pero Zidane ya tiene amaestrado al diablo que le quiere llevar al fracaso. Incluso sin merecerlo, un pálido Real Madrid va a hacia la cabeza de la Liga y sentenció un partido que no había hecho méritos para ganar. Pero el diablo crítico de Zidane no está en el infierno. Lo tiene metido en un frigorífico.

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